El abuso sexual a un menor relatado por su madre

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Resultaba difícil saber quién fue ese monitor que le agredió, pero del casal les enviaron las fotos de los que habían participado ese ­verano . Y el pequeño señaló una cara.

«Un día, saliendo del colegio, mi hijo me dijo que quería explicarme una cosa que no me había contado antes porque le daba vergüenza. Algo que había pasado hacía más de un año, en un casal de verano. Era, creo, el último día. Se hizo daño, y un monitor le dijo ‘vamos al baño para ver qué te has hecho’. Y allí le dijo que se bajara los pantalones y, bueno… le chupó el pene”. Tenía algo más de 6 años.

Muchos casos de violencia sexual contra niños y adolescentes surgen así. Un día en que por algún motivo deciden contarlo. “A menudo tienen la sensación de que aquello no les ha gustado, que no es bueno para ellos, aunque no lo entiendan. Y a veces consiguen explicarlo, aunque sea una año después”, explica la pediatra Anna Fàbregas, coordinadora de la unidad de atención a las violencias contra niños y adolescentes, que se abrió hace pocos meses en el hospital infantil del Vall d’Hebron y donde atienden a este pequeño y a sus padres.

La violencia sexual es la más frecuente entre sus pacientes

“Pero con frecuencia los mayores a los que acuden no reaccionan, miran para otro lado, le dicen que no puede ser. Y acaban hablando del tema años después, cuando llegan a la adolescencia”, aclara Fàbregas. La violencia sexual es la más frecuente entre sus pacientes.

La madre de este niño, agredido sexualmente a los 6 años y pico y que acaba de cumplir 8, reconoce que se quedó en estado de shock. Que por su cabeza pasaron muchas preguntas que no llegó a hacer: ¿es cierto? ¿por qué ahora? ¿le habrá hecho daño? ¿cómo no me he dado cuenta en este tiempo? ¿qué se me ha escapado? “Y, sobre todo, qué hay que hacer ahora”.

“Buscamos en internet en medio de ese estado de sorpresa y angustia absoluta. Era algo con lo que no me imaginaba que podríamos encontrarnos. No conocía ningún otro caso”. Dieron con la fundación Vicki Bernadet, dedicada desde hace décadas a acompañar a las víctimas y luchar contra los abusos sexuales en la infancia. Les explicaron que era importante gestionar la situación y calmar las emociones, que lo fundamental era que su hijo viera que lo que había explicado provocaba una reacción, que eso le ayudaría a tranquilizarse.

La fundación Vicki Bernadet, se dedica a acompañar a las víctimas y luchar contra los abusos sexuales en la infancia

Seguían sin saber qué pasos había que dar, así que decidieron empezar por el principio: ayudar a su hijo a digerir esta situación. Les remitieron a la unidad de violencia contra niños que ya funcionaba en el hospital Sant Joan de Déu, donde a su vez les reenviaron a la del Vall d’Hebron, que les quedaba más próxima y acababa de empezar a funcionar.

“Justo después de habérmelo explicado, mi hijo decía que le venía una y otra vez a la cabeza y no quería recordarlo”. El efecto más notable de las diversas sesiones realizadas con la psicóloga de la unidad del hospital Vall d’Hebron ha sido precisamente que, “además de sentirse cómodo con ella, dice que ahora piensa menos”, explica su madre.

“Me lo explicó un día al salir del colegio. Había pasado hacía más de un año, en un ‘casal’. Un monitor le llevó al baño”.

Su hijo es un niño sensible. “Y muy hablador, como yo”. Por eso la madre cree que, aunque no entienda bien lo que le ha pasado, sabe que no es bueno. “Quizá el desencadenante para que nos lo contara sea haber oído algo sobre el tema y eso le haya ayudado a verbalizarlo, pero no hemos querido entrar más a fondo”. Ahora se siente más en calma.

En la primera cita con el equipo de pediatra, psicóloga y trabajadora social, les explicaron todo el proceso. “Nos dijeron que habían contactado con fiscalía de menores y ellos se pusieron en contacto con nosotros. Fue muy bien. Íbamos muy perdidos”.

Resultaba difícil saber quién fue ese monitor que le agredió, pero del casal les enviaron las fotos de los que habían participado ese ­verano . Y el pequeño señaló una cara.

“Hemos presentado denuncia. Te planteas muchos dilemas. Por un lado, te sientes responsable de evitar que le pase a otros niños. Teníamos amigos que enviaban a sus hijos a ese casal durante todo el curso. Por otro, no quieres ­exponer a tu hijo a que todos le pregunten sobre algo tan difícil para él. Guardar su intimidad nos pa­rece fundamental. ¡Tiene 8 años! Si un día de mayor quiere contarlo, ya lo hará. Pero no queremos ser nosotros los que nos equivoquemos”.

Los niños agredidos sexualmente suelen serlo fuera de casa, al contrario que las niñas. La violencia sexual en su caso se da con más frecuencia en el entorno escolar, en las colonias o campamentos, o alrededor de la actividad deportiva. Las niñas agredidas, en cambio, suelen serlo en su casa o en la de familiares, por personas muy próximas, lo que añade mucha mayor dificultad para explicarlo a alguien con éxito. Y las consecuencias de ese proceso que se inicia de oficio en las unidades de atención a estas violencias son mucho más complicadas y dolorosas: hay que señalar a personas queridas. Muchas veces querrán no creer a sus hijas.

“Nos dijeron que le tranquilizaría saber que contarlo provocaba una reacción”

La denuncia les creó un nuevo dilema a los padres del niño agredido con 6 años: “El monitor tenía 17 años ¡un niño! No queremos marcar su vida de esta manera. Por haber cometido quizá un error”.

El agresor ya fue llamado a declarar. “Los Mossos nos explicaron que ahora, mucha calma. Que la justicia es lenta y que tendrá que volverlo a contar en el juzgado. Que le entrevistará un psicólogo forense y con frecuencia esa declaración basta para el juicio, aunque depende de cada juez”.

“Me pongo en el lugar de los padres de ese chico. ¡Debe ser tan duro! Pero creemos que hemos hecho lo que teníamos que hacer”, afirma con pesar la madre.

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