Factores de riesgo y recomendaciones asociadas al abuso infantil y abuso sexual

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Rafael-Nuñez-CPIU

Dentro de las formas más graves de abuso infantil y abuso sexual, que acarrean demoledoras consecuencias psicológicas y sociales, están el abuso sexual y/o la pedofìlia. Entendemos el abuso sexual infantil como un trastorno que conduce, a través de engaños, a la gratificación sexual (con contacto físico o sin él) que un adulto maduro, en una relación de poder desigual, dirige sobre un menor inmaduro sin edad de consentimiento, es decir, sin comprensión de lo que significa un encuentro sexual. A esta aproximación conceptual sumamos que, en la actualidad, el niño es sujeto de derecho con igualdad de condiciones en relación con los adultos y de consideraciones especiales ante la ley

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Por otra parte, existen innumerables condiciones que aumentan las probabilidades de que este grave problema se suscite, y aunque sabemos que cualquier menor puede ser susceptible de sufrir esta anomalía social, destacaremos aquellas que consideramos más importantes:

  • Analfabetismo emocional familiar (cultura familiar que incapacita a sus miembros a gestionar las emociones).
  • Delegar, con frecuencia y sin vigilancia o monitoreo, los roles de cuidado y atención afectiva y social de los menores en extraños.
  • El irrespeto por la individualidad, intimidad y privacidad de los menores.
  • Desautorización, descalificación y censura del menor por parte de sus padres o familiares.
  • Comunicación deficiente entre adultos y menores o niños, niñas y adolescentes.
  • Entorno familiar hostil o de hacinamiento.
  • < Mala relación filial (entre papa y mamá, entre padres e hijos, entre familiares…).

Estos condicionantes nos anuncian la formación de una personalidad vulnerable y manipulable, caldo de cultivo propicio para que aparezca el maltrato infantil.

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En este sentido, no existen recetas ni fórmulas unívocas o mágicas para detectar o detener el avance de esta violencia contra menores, pero tenemos el deber de luchar contra ella. Socavando el miedo inducido, la coacción psicológica y el descalabro social que se generan en esta situación de dominación y esclavitud, en una asimetría de poder entre un adulto y un niño, que incluye la explotación sexual infantil con fines económicos. Esta lucha se libra amorosamente, y en primer lugar, en casa, revirtiendo todos los factores de riesgo apuntados en el párrafo anterior. Los adultos debemos ser respetuosos con los derechos de los niños a hablar, a opinar, a expresar emociones, a su privacidad, a desarrollar sus aptitudes. Además, tenemos la obligación moral y social de cuidarlos y protegerlos, cumpliendo con el rol que nos corresponde.

A todos los adultos que nos leen recomendamos que desarrollen en los niños y niñas la autoconfianza, pero sobre todo, que estén observantes de las estadísticas que indican que es en la casa y en el entorno familiar cercano donde más ocurren estos hechos. La pornografía infantil y cualquier otra especie de violencia o maltrato de menores se combaten con una cultura de NO VIOLENCIA y de comunicación asertiva. Aprendiendo, formándonos e informándonos nosotros mismos. Denunciando ante cualquier indicio físico o psicológico, accionando desde un enfoque integral, con calma, sin culpar al menor, creyendo en su palabra y buscando ayuda especializada.